La existencia de oro y plata en las tierras recién halladas hizo que los Reyes Católicos decidieran establecer una línea comercial permanente que uniera los reinos hispanos con el Nuevo Mundo, la llamada Carrera de Indias. Sevilla tenía una adecuada infraestructura viaria y de comunicaciones con el interior peninsular, se encontraba adecuadamente abastecida gracias a la abundante producción agrícola del valle del Guadalquivir y, al mismo tiempo, tenía una nutrida colonia de mercaderes asentada en la ciudad ya desde tiempos posteriores a la Reconquista.

Todo ese oro y plata que venía de América pasaba por nuestra ciudad, por la Casa de la Moneda. La Real Casa de la Moneda fue fundada en 1532 con objeto de fundir el oro, plata y cobre y convertirlos en moneda. Las fuentes dicen que, durante el reinado de Felipe II, biznieto de los Reyes Católicos, se acuñó en este edificio el 72% de las monedas de plata y el 87% de todo el oro que circulaba en el Reino de España, y se empleaban para ello a 200 personas, entre alimentado de los hornos y manejo de la fundición. Con el paso del tiempo fue perdiendo su uso, y después del terremoto de Lisboa de 1755 se vio como necesaria una rehabilitación, que fue realizada por Sebastián van der Borcht, español de Bruselas, que fue el mismo que realizaría la actual Universidad.

¿Cuánta cantidad pasó por el edificio? Se calcula que en el puerto hispalense se desembarcaron aproximadamente 100.000 kilos de oro en lingotes. Desde 1560, ante la escasez de oro, la plata lo sustituyó en importancia y se convirtió en el principal metal gracias a la explotación de las minas existentes en México, Bolivia y en Perú. Entre los años 1551 y 1560 se estiman en unas 30 toneladas de plata anuales las que llegaron, cifra que subió a 90 en la década siguiente, llegando a final de siglo a una media de 250 toneladas al año. A partir de 1630 las cantidades empezaron a reducirse con el paso del tiempo.

Estas enormes cantidades de metales preciosos, lógicamente no permanecían en Sevilla. Tal y como llegaba a Sevilla, salía de Sevilla. Las tierras del Reino de España eran enormes, desde Filipinas a América, pasando por África, Italia o Bélgica, por lo que los gastos del estado eran elevadísimos. Durante el reinado de Carlos I se afrontaron 15 guerras, contra turcos, aztecas, mayas, incas, franceses, venecianos, y otras guerras y revueltas internas. Felipe II tuvo que afrontar 8, contra turcos, franceses o ingléses. Felipe III tuvo que afrontar la Guerra de los 80 años contra Inglaterra, Francia y Países Bajos, y la de 30 años contra los mismos más Suecia, Bohemia, Dinamarca, etcétera.

Con estos datos, no es de extrañar que gran parte del oro y plata traído de América fuera destinado al mantenimiento del ejército. En un primer momento, las riquezas que llegaron a Sevilla cambiaron profundamente la fisonomía de la ciudad, y la cantidad y la procedencia de sus habitantes. Debido a esta transformación, se puede decir que Sevilla era la ciudad más rica del mundo durante los siglos XVI y XVII. No obstante, la ciudad cayó en profunda depresión a partir del siglo XVIII. Ejemplos del uso de metales en nuestra ciudad se pueden ver ya muy pocos. El principal sería en el Altar Mayor de la Catedral de Sevilla, y también en las principales iglesias barrocas de la ciudad.