La Iglesia de Santa Ana, en el corazón de Triana, se trata de la primera iglesia edificada en Sevilla después de la reconquista. Alfonso X el Sabio, hijo del rey Fernando III el Santo, conquistador de Sevilla era un erudito. Pasaba sus noches leyendo, a oscuras a la luz de una vela, y se estaba quedando ciego. Dice la leyenda que, para salvar la vista, se encomendó a Santa Ana y, como consiguió conservarla, levantó esta Iglesia. Se construyó en el Siglo XIII, primera Iglesia exnovo: de nueva planta, ya que la gran mayoría de iglesias erigidas en aquella época descansan sobre templos religiosos anteriores. Tiene forma de fortaleza, con objeto de evitar las frecuentes crecidas del río.
Se edificó siguiendo un austero estilo cisterciense, cuyo aspecto de fortaleza, hoy día suavizado por los colores albero, las tallas cerámicas y el campanario barroco, revelan el clima de inseguridad que existía después de la reconquista.
Enfrente a la iglesia se encontraba la Escuela de Mareantes, que fue creada en el siglo XVI, y en ella se impartían clases de geografía, matemáticas, astronomía, con el objetivo de convertir a unos simples pescadores de ríos en patronos de carabelas cruzando el océano.